CÓMO REJUVENECER LA PIEL MADURA



Cómo mantener una piel joven a partir de los 40 años.

La piel madura

Con el paso del tiempo nuestra piel experimenta una serie de cambios. A partir de los 40 años la piel, sobre todo la del rostro y cuello, empieza a mostrar signos de envejecimiento.


De tal modo, que aquella piel lisa, tersa y firme, que lucíamos años atrás, se va volviendo más áspera y seca, pierde brillo y se torna menos elástica, dando lugar a la aparición de las primeras arrugas y pliegues, especialmente en las zonas de expresión. ¡La piel madura hace su presentación!


La piel es uno de los órganos vitales de nuestro cuerpo. Por extensión, el más importante, ya que alcanza los 2 m² en personas adultas y su peso llega a los 5 kg.


Como cualquier otra parte de nuestro cuerpo, sufre el desgaste que ocasiona el paso de los años. Se trata, pues, de retardar al máximo ese desgaste y a la vez disminuir los efectos que este ocasiona sobre nuestra piel, o lo que es lo mismo, aumentar la regeneración celular, frenar los procesos de oxidación, suplir la deshidratación, protegerla contra la radiación solar y compensar los efectos por la disminución de actividad estrogénica.


El proceso de envejecimiento: la piel madura

El proceso de envejecimiento de la piel viene dado por dos factores principales, que son factores internos y factores externos.


Los primeros contemplan todo aquello que tiene que ver con procesos afines a la actividad propia de nuestro organismo, están relacionados con la genética e influidos en muchos casos por problemas hereditarios.


Por lo que respecta a los segundos, encuadran todo aquello que viene afectado por agentes externos, como son: radiación solar, polución, tabaquismo, estrés, sedentarismo, etc.


Algo que conviene recalcar, y que muchas personas desconocen, es que la piel tiene memoria. Por ello, una piel tratada adecuadamente en los años jóvenes se revelará como una piel sana, cuando alcance la madurez. Por el contrario una piel maltratada y expuesta en gran medida a la radiación solar en los años de juventud, será una piel madura mucho más difícil de mantener joven con el transcurso de los años.
Resulta, pues, muy importante que tratemos adecuadamente nuestra piel desde temprana edad.


Prevención y tratamiento del envejecimiento de la piel

En primer lugar vamos a hablar de la regeneración celular. Se trata de la capacidad que tiene el cuerpo de sustituir las células viejas por células nuevas y que va siendo menor con el paso del tiempo. Luego, tenemos que aumentar la regeneración celular.


Esto se puede conseguir mediante tratamientos externos, como pueden ser las cremas faciales anti-age. Este tipo de cremas han de contener vitamina A o derivados del retinol, cuyo aporte externo ayudará a descamar la piel y estimular el crecimiento de los tejidos y la síntesis de colágeno, a la vez que se incrementa la elasticidad, atenuando las arrugas y mejorando el tono de la piel.


También es necesario el aporte de ácidos alfa-hidroxiacidos, entre los que cabe destacar el ácido glicólico. Este tipo de ácidos están presentes en diversas frutas y son potencialmente ricos en vitamina C. Actúan como exfoliante, ayudan a la regeneración celular y tienen efecto antioxidante e hidratante.


Como segundo punto, debemos frenar el proceso de oxidación celular. Este proceso es conocido como estrés oxidativo. En él los diferentes tipos de radicales libres afectan a las células desencadenando un proceso de envejecimiento prematuro.


Tanto la vitamina E como la C son muy apropiadas para reducir los efectos del envejecimiento, dada la capacidad que tienen de neutralizar los radicales libres nocivos. Además, la vitamina C mejora la firmeza de la piel al estimular la síntesis del colágeno y fibras elásticas, reduciendo la síntesis de melanina y aportando luminosidad a la piel.


En tercer lugar, nos ocuparemos de cómo disminuir la hiperpigmentación, o lo que es lo mismo, reducir las manchas en la piel ocasionadas por el paso de los años y también por la radiación solar. Sobre todo esta última contribuye de forma importante al envejecimiento cutáneo, ya que da lugar al engrosamiento de la capa externa de la piel, a la pérdida de su elasticidad y a la aparición de manchas por la pigmentación no uniforme.


El ácido Kójico, el extracto de Morera blanca y el extracto de Gayuba resultan adecuados como despigmentantes, aunque los efectos no son duraderos, ya que suelen reproducirse al recibir nuevamente los rayos solares. También los aceites de Rosa mosqueta, Argán y Aloe vera pueden beneficiar la desaparición de este tipo de manchas en la piel.


Debemos proteger la piel de la radiación solar, ya que este tipo de radiación es una de las causas principales del foto-envejecimiento. Es por ello muy importante aplicar filtros solares en la piel para protegerla adecuadamente cuando la exponemos a los rayos solares. Tengamos en cuenta que la exposición solar prolongada puede acarrear a largo plazo no sólo el envejecimiento prematuro de la piel sino también la aparición de tumores en la misma.


A continuación nos referiremos a la disminución de la actividad de estrógenos. Como consecuencia de este proceso suele producirse una mayor sequedad de la piel, menor renovación celular y una disminución del colágeno y de la elastina. Para compensar esa disminución podemos estimular la renovación celular y proteger el colágeno y la elastina a base de isoflavonas de soja.


Y por último, debemos hidratar correctamente nuestra piel. Esto supone no solo aportar hidratación, sino también hacer que la piel retenga el agua aportada.


A medida que la piel va envejeciendo, el ácido hialurónico, que es un componente esencial de la dermis, se va deteriorando, por lo que la piel pierde flexibilidad y, lo más importante, la capacidad de retener agua. Por ello es esencial que aportemos de forma externa el mencionado ácido para conseguir una mayor retención de agua por parte de nuestra piel.


Otras actuaciones a tener en cuenta en la piel madura

Además de todo lo expuesto anteriormente conviene tener en cuenta el estilo de vida y método alimenticio a seguir.

En cuanto al primero, indicar que es muy importante mantener un estilo en el que no falte el ejercicio físico.


Y por lo que respecta al segundo, es primordial realizar una alimentación sana y variada, rica en fibra, proteínas y carbohidratos. Asimismo, debemos aportar el agua necesaria a nuestro organismo, no menos de 1,5 litros diarios, para combatir la sequedad que producen los años. También, en su caso, es necesario abandonar hábitos como el tabaco y el alcohol.


Algunas de las necesidades vitamínicas ya han sido indicadas con anterioridad. A ellas podemos añadir los ácidos grasos esenciales Omega-3 y Omega-6. Ambos tienen propiedades antioxidantes y contribuyen de forma notable a la regeneración celular, regulan la secreción sebácea y retrasan la aparición de arrugas.


Una rica alimentación junto a un estilo de vida saludable nos ayudará a mantener nuestro organismo sano y esto repercutirá a su vez en nuestra piel.


Redacción - Abril 2012
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